Ausencia.
Te regalaría un bote con arena de una playa de Madagascar, una moneda de la suerte y una sonrisa cada mañana... Levantarnos temprano comiéndonos a besos, prepararlo todo y compartir desayunos con olor a pan tostado... Que vengas aquí y te duermas en mis brazos, y yo me quedo toda la noche mirándote... Y es que hace un tiempo comprendí que la felicidad es la ausencia del miedo y últimamente, yo ya no tengo miedo.
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